Vamos a suponer que digo verano,
escribo la palabra «colibrí»,
la meto en un sobre,
y la llevo colina abajo
hasta el buzón. Cuando abras
mi carta recordarás
aquellos días y cuánto,
cuantísimo, te quiero.
Raymond Carver
escribo la palabra «colibrí»,
la meto en un sobre,
y la llevo colina abajo
hasta el buzón. Cuando abras
mi carta recordarás
aquellos días y cuánto,
cuantísimo, te quiero.
Raymond Carver
Semanas.
Un invariable concierto nocturno de grillos.
De día, consumo incontrolado de libros.
Llevo un ancla colgado del nuevo bolso y dudé en comprarlo por eso.
Espacio.
Calor. Un calor que arrecia.
Sigo leyendo.
Tiempo de cartas sin respuesta: tristes y melancólicas Cartas y Poemas de Neruda a Albertina Azócar.
Tiempo sin respuestas. Mi gata ha muerto de parto.
No me gustan los veterinarios, no me gusta el sofocante calor del verano ni la música que suena en los bares.
Busco el modo de perderme entre los árboles.
La ciudad encendida lejos.
Sigo, seguiré leyendo, pero aparezco para desaparecer.
En las próximas semanas seguiré comprobando el tráfico aéreo sobre mi cabeza cada tarde en la piscina. Tengo la definitive soul collection de Otis Redding que sonará despacio antes de dormir. Tengo a Matt Hires y a Ray LaMontagne. Ocho vestidos que deben entrar en la maleta. Tengo más de Neruda, que confiesa que ha vivido y unos viajes por el scriptorium recomendados por Auster, entre otros, hasta que llegue el momento de mi destino. Cádiz.
Regresaré en septiembre. Renovada. Y nos encontraremos, si quieren, en cualquier esquina de este blog o de otro nuevo, a estrenar, con vistas, quién sabe. Ya avisaré cuando sea momento de acortar distancias. Hasta entonces sean felices, vuelen como los colibríes y disfruten de las noches, escenario clave de esta época del año.
